sábado, 16 de diciembre de 2017

Nacimiento de Jesús en Belén

Resultado de imagen de Belén. Tierra SantaSan Lucas quiso situar en la Historia el suceso del nacimiento de Jesús. «En los planes de Dios, a la Encarnación, realizada en la intimidad, seguía el Nacimiento, también en el silencio y la humildad. Sólo se comunica de inmediato a unos pobres pastores de los contornos de Belén, a unos sabios de Oriente, los Magos, y a muy pocas personas más. Aparentemente no había sucedido nada relevante. Pero, de hecho, se había producido el sesgo más importante en la historia de los hombres. Y sigue la paradoja divina: el Omnipotente, el Amo de universo, se nos muestra con el encanto y la debilidad de un niño, que necesita de todos» [1]. El relato lucano consta de tres partes. La primera, describe el tiempo y circunstancias del hecho, fijando así su marco histórico; la segunda, cuenta brevemente el nacimiento; y la tercera, relata la adoración de los pastores. El evangelista destaca hasta tal punto esta última, que las dos primeras vienen a ser como su prólogo.

«En aquellos días se promulgó un edicto de César Augusto, para que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento fue hecho cuando Quirino era gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse, cada uno a su ciudad. José, como era de la casa y familia de David, subió desde Nazaret, ciudad de Galilea, a la ciudad de David llamada Belén, en Judea, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta» (Lc 2,1-5). Desde el año 27 a.C., cuando el Senado Romano le concedió el título de Augusto, gobernó el Imperio hasta el 14 d.C. El empadronamiento entre los romanos tenía una doble finalidad: por una parte, se trataba de conocer el número de habitantes del Imperio; por otra, servía para la distribución y pago de los tributos. El edicto (dogma) se promulgó para la oikoumene, es decir, para «todo el mundo» dentro de las fronteras del Imperio.

La costumbre romana era censarse cada uno en su lugar de residencia. Es muy posible que Roma concediese una cierta autonomía para que cada uno se censara en su ciudad de origen, como era frecuente entre los pueblos orientales. Esto obliga a José, «de la casa y familia de David», y a María, su esposa [2], a «subir» [3] desde Nazaret, donde vivían, «a la ciudad de David, que se llama Belén» [4]. Para los escrituristas, en estos versículos se hace referencia velada a la profecía de Miqueas [5]. La providencia de Dios [6] crea la constelación perfecta que se requiere para el acto central de la historia de mundo. El Mesías debe no solamente descender de la estirpe de David, por medio de José, sino también nacer en la ciudad de David. El decreto del Emperador romano debe contribuir a ello. Es Dios quien mueve los hilos de la historia para el cumplimiento de las profecías del AT, de manera que los acontecimientos de la época y la normalidad del comportamiento de María y José, conducen a la Sagrada Familia al lugar donde debe nacer el Mesías.

El relato de san Lucas presenta algunas anotaciones, aparentemente poco importantes, con el fin de estimular al lector a una mayor comprensión del misterio de la Navidad y de los sentimientos de la Virgen al engendrar al Hijo de Dios. «Y sucedió que, estando allí, le llegó la hora del parto, y dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el aposento» (Lc 2,6-7).

Resultado de imagen de Belén. Tierra SantaLa descripción del acontecimiento del parto, narrado de forma breve y sencilla, presenta a María participando fiel e intensamente en los planes divinos con aquella disponibilidad plena, que ya manifestó en la Anunciación. El Verbo del Padre viene al mundo para salvarnos, en el silencio de la tierra, sin espectáculo, rodeado tan sólo de los cuidados amorosos de María y de José, únicos testigos oculares del evento. La expresión «primogénito» (prototokon) debe entenderse aquí como «unigénito» (monogenés), porque María no tuvo más hijos, si bien la ley mosaica exigía la donación a Yahwéh del «primer hijo» [7], y «primogénito» expresa también legalmente el derecho de primogenitura [8].

A continuación, el autor sagrado refiere dos cosas: la primera es un hecho totalmente normal: «lo envolvió en pañales»; y la otra es bastante extraña: «y lo recostó en un pesebre», aportando enseguida su explicación: «porque no hubo lugar para ellos en el aposento (katalyma) [9]». Se trata de una afirmación que recuerda el texto del prólogo de san Juan: «vino a los suyos, pero los suyos no lo recibieron» [10], y anticipa proféticamente los numerosos rechazos que Jesús sufrirá en su vida terrena.

Con los detalles del viaje y del parto, el evangelista nos presenta el marco de austeridad y pobreza, propio del reino mesiánico que ahora comienza: un reino sin honores ni poderes terrenos [11]. El Niño debe nacer en la pobreza del mundo -no es casual que no haya sitio en la posada-, para participar así desde el principio en su pobreza. Y si con este desprendimiento -un establo y un pesebre- se manifiesta todo el esplendor del cielo, es sólo para, desde el gran canto de alabanza, remitir a la gente sencilla al signo más adecuado: en la hora suprema del cumplimiento, ésta es la señal: «encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». Entre la gloria más resplandeciente de arriba y la pobreza más extrema de abajo, se da, sin embargo, una perfecta correspondencia y unidad. María da a luz en una situación de escasez y penuria: no puede dar al Hijo de Dios ni siquiera lo que suelen ofrecer las madres a un recién nacido; al contrario, debe acostarlo «en un pesebre», una cuna improvisada que contrasta con la dignidad del «Hijo del Altísimo». Finalmente, la expresión «para ellos» indica un rechazo tanto para el Hijo como para su Madre e indica que Ella ya estaba asociada al destino de sufrimiento de su Hijo, participando en su misión redentora.


[1] J.M. Casciaro-J.M. Monforte, Jesucristo, Salvador de la Humanidad. Panorama bíblico de la salvación, Eunsa, 2ª ed., Pamplona 1997, p. 132.
[2] El evangelista nos informa indirectamente que ya se habían celebrado la nupcias entre María y José, al usar el término gynaiki (esposa), en lugar de emnesteumene (prometida) que utilizó en Lc 1,27 en la Anunciación.
[3] La palabra «subir» (anabainein) es el término designado de forma usual para ir a las montañas de Judea, y en particular a Jerusalén. Y para ir a Belén, que está muy cerca, lo normal era pasar por la Ciudad Santa.
[4] Cfr 1 Sam 20,6.
[5] Cfr Mich 5,2. El evangelista usa términos empleados en el contexto de la profecía, como «dar a luz», «tiempo del parto», «pastores / pastorear», «gloria de Yahwéh / gloria del Señor», paz, etc.
[6] Cfr J. Morales, El Misterio de la Creación, Eunsa, Pamplona 1994, pp. 285-296. «El hombre recibe seguridad en la Providencia no principalmente a partir de una visión racional sobre la armonía del universo, sino por la proximidad a Jesús y la meditación de su vida» (p. 290). Es más, «el equilibrio del alma que ha encontrado a Dios en sí misma, y está abismada en Él, desafía todos los poderes creados. Está situada en el centro único donde convergen las líneas de fuerza de la Providencia» (Un cartujo, La Trinidad y la vida interior, Rialp, 3ª ed., Madrid 1992, p. 90.
[7] Cfr Ex 13,12; 34,19; Num 13,13.
[8] Cfr Ex 25,29-33; Dt 21,15-17.
[9] El término katalyma sugiere la idea de un lugar en el que uno «se pone aparte» -corresponde al término latino diversorio- para encontrar donde comer y refugiarse. ¿Se puede decir que en Lc 2,17 era un albergue? No se puede fijar con exactitud su significado porque podría traducirse con varios sinónimos: mesón, albegue, hospedería, posada, etc. Por ejemplo, la «posada» en la que entra el buen samaritano es llamada pandojéidon (Lc 10,34).
[10] Ioh 1,11.
[11] Jesús lo ratificará en su Vida pública, diciendo de sí mismo: «el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza» (Lc 9,58).

sábado, 9 de diciembre de 2017

La casa de san José

Continuando a lo largo de la carretera –a ambos lados de la misma se pueden ver diversos cementerios cristianos modernos correspondientes a los diferentes ritos–, tras un pequeño trayecto se llega a una capilla situada en el margen derecho: es la “Casa de san José”.

Una vez nacido el Niño, la Sagrada Familia permaneció todavía algún tiempo en Belén, donde tuvo lugar la circuncisión (Lc 2,21). Y, transcurrido el tiempo establecido por la ley mosaica, la Virgen y san José, con el Niño, subieron a Jerusalén para cumplir los ritos de la purificación (Lc 2,22). Por otro lado, los Magos visitaron al Niño Jesús “en la casa” (Mt 2,11).

Por tanto, que la Sagrada Familia vivió un tiempo en Belén tras el nacimiento de Jesús es un hecho atestiguado por el Evangelio; y que estuviera alojada en una casa de la ciudad es muy verosímil. No existe ninguna dificultad en este cambio de la gruta por una casa: san José procedía de Belén y probablemente tenía allí parientes o amigos que, conocedores de su pobreza, fueron generosos con él y lo ayudaron.

En la Edad Media se trató de localizar este recuerdo de san José en Belén. La búsqueda se desarrolló siempre en la parte este de la población, entre la Gruta de la Leche y el Campo de los Pastores, probablemente siguiendo una antigua tradición local. La fijación de la memoria tendrá lugar a mediados del siglo XIV, según el testimonio de dos peregrinos florentinos (Jorge Gucci y Leonardo Frescobaldi). A partir de entonces, la localización quedó determinada para siempre.

La moderna capilla (1890) se levanta sobre roca firme y sobre otras construcciones precedentes recordadas por muchos peregrinos. Todavía hoy se puede ver, a los pies del ábside, una parte de la roca; tras el altar se observa también una peña que tal vez formaba parte del antiguo altar. La “Casa de san José” queda así recordada con esta capilla gracias al legado de Ernestina Audebert. El 20 de marzo de 1893 la iglesia fue bendecida solemnemente por el Padre Custodio de Tierra Santa, fray Santiago Ghezzi.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Rusia ayuda a financiar en Belén la llamada "calle Estrella"

El gobierno de Rusia financiará con 4 millones de dólares la restauración y reconstrucción del centro de Belén, en particular la calle Estrella, una de las vías comerciales más antiguas de la ciudad, que se extiende de norte a sur a través de la urbe vieja.

Según declaró a la agencia Sputnik el jefe de la oficina de representación de Rusia ante la Autoridad Nacional Palestina, Aydar Aganin, los trabajos comenzarán en septiembre de este año y se harán en colaboración con el Ministerio de Economía palestino y el Ayuntamiento de la ciudad, presidido hasta el mes de mayo por la católica Vera Baboun, quien cumplió un mandato de cinco años desde 2012.

La calle Estrella, de alrededor de un kilómetro de longitud, forma parte desde el año 2012 de la lista del patrimonio mundial de la humanidad de la Unesco como Ruta de los Peregrinos. Tiene su inicio en la rotonda de la sede de la Acción Católica y termina en el arco llamado Zarrarah, también conocido por los lugareños como la Puerta de Damasco, una antigua entrada a la ciudad.

Por el camino de la estrella también pasó la Sagrada Familia, a su llegada a la ciudad de Belén para el nacimiento de Jesús.

Durante su visita a Moscú (cuando se reunió con el presidente ruso, Vladimir Putin), el presidente palestino, Mahmud Abbas, fue recibido en el Monasterio de San Daniel por Cirilo, el Patriarca de Moscú y de todas las Rusias. 

En dicho encuentro, que tuvo lugar el 12 de mayo, el Patriarca Ciriso reiteró al presidente Abbas que la preocupación por la protección de los lugares sagrados “está dentro del corazón de cada ortodoxo”, y que “a lo largo de la historia de su presencia en Tierra Santa, la Iglesia rusa siempre ha tratado de ayudar al pueblo palestino, incluso con la construcción de escuelas y centros médicos. 

Luego hubo un tiempo en que la Iglesia no pudo llevar a cabo esta misión. Estamos orgullosos de que hoy en día Rusia esté continuando la misión humanitaria en los territorios palestinos”.

sábado, 25 de noviembre de 2017

Sellos descubiertos en Jerusalén de 700 años antes de Cristo

Tras la destrucción del Reino de Israel por los asirios en 732 a.C., oficiales suyos se refugiaron en el Reino de Judá y obtuvieron cargos administrativos. Es la hipótesis que sugiere, según los investigadores, el hallazgo en Jerusalén de unos sellos utilizados para salvaguardar e identificar documentos.

Según informa "Enlace judío" citando informaciones a su vez de "Haaretz", el descubrimiento de estos sellos y de sus impresiones fue realizado recientemente en la zona oriental de la Ciudad de David, un lugar de excavación en la Ciudad Vieja de Jerusalén. Los arqueólogos se encuentran clasificando y estudiando los sellos encontrados.

Los sellos más antiguos eran pictográficos, pero entre los siglos VIII y VI a.C., empezaron a llevar impreso el nombre de los oficiales que realizaban el sellado. “Estando en Jerusalén, los oficiales eran parte del sistema de administración de Judea: esto quiere decir que Jerusalén era la capital de la Monarquía de Judá”, comenta Joe Uziel, de la Autoridad de Antigüedades de Israel, director de la excavación. Esto reforzaría la evidencia sobre la relevancia de Jerusalén y su función como capital en la época.

Dentro de los sellos descubiertos, se localizó en diversos de ellos el elemento teofórico (un prefijo o sufijo colocado en los nombres para referirse a lo divino) de yahu, un elemento esencial en el judaísmo: como en el nombre de Eliyahu.

Algunos de los sellos sin el elemento teofórico señalan el nombre de Ajiab ben Menajem, que podría ser una variación del nombre Ajab, como el rey bíblico de la monarquía de Israel, o el de “Pinjas”.

Los sellos se expusieron temporalmente en la Ciudad de David durante una conferencia sobre arqueología.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Monasterio de san Jorge Koziba

 The Monastery of Wadi QeltEste monasterio se encuentra a nueve kilómetros de Jericó y 20 de Jerusalén. Está construído en un valle del desierto de Judea, que se llama Wadi Qelt. Es un lugar muy árido. Dentro de un gran valle se puede ver en la distancia este pintoresco monasterio. 

Entre las tradiciones asociadas a la ubicación de este monasterio se encuentran la visita de Elías, de camino hacia la península del Sinaí. También hay tradición de que en este lugar se produjo una escena de la vida de san Joaquín. Fue a ofrecer, como sacerdote que era, un sacrificio al templo, y alguien lo rechazó por no tener descendencia. Decidió ir al desierto cuarenta días para implorar a Dios un hijo. Se cuenta que, mientras lloraba en el lugar por la infertilidad de su mujer, santa Ana, recibió la visita de un ángel que le anunció la concepción de María. 

Es en este lugar, y en este valle aislado y estéril, donde un monasterio del siglo cuarto se aferra precariamente a las paredes de roca. Originalmente construido en torno a una cueva, el monasterio creció en el siglo quinto bajo los Griegos Ortodoxos, en el que su más famoso monje y homónimo Gorgias de Koziba habitaba el lugar. 

El Monasterio Ortodoxo de San Jorge se inició cuando unos monjes que buscaban la experiencia del desierto de los profetas, se asentaron en torno a una cueva donde se cree que Elías fue alimentado por los cuervos. 

El monasterio Griego Ortodoxo fue construido a finales del siglo quinto d.C. por Juan de Tebas, que se convirtió en un ermitaño y se trasladó desde Egipto hasta Siria y Palaestina en el año 480 d.C. El monasterio fue nombrado San Jorge después de que el más famoso monje viviera en el lugar: Gorgias de Koziba. 

Fue destruido en el año 614 por los persas, que se extendieron por el valle y masacraron a los catorce monjes que habitaban allí. Los huesos y cráneos de los monjes mártires aún se pueden ver hoy en día en la capilla del monasterio. 

Después de la invasión persa, el fue abandonado durante casi 500 años, hasta los intentos de restauración que fueron realizadas por bandas de cruzados en el siglo doce. Pero después de su expulsión, el monasterio volvió a caer en desuso. En 1878, un monje griego, Kalinikos, se estableció aquí y restauró el monasterio, terminando en 1901.

sábado, 11 de noviembre de 2017

El Cenáculo

Teológicamente la palabra Iglesia designa al pueblo creyente que Dios llama y reúne de todas partes para formar la asamblea de todos aquellos que, por la fe y el Bautismo, forman parte de un solo cuerpo, con Cristo a la cabeza. En la actualidad también designamos mediante la palabra iglesia al lugar físico dónde se reúne esa asamblea, aunque una palabra más exacta para referirse a él sería "templo".

¿Cuál fue el origen de estos lugares de encuentro que, a lo largo de la historia del cristianismo, han dado lugar a verdaderas joyas arquitectónicas? Para averiguarlo qué mejor que acudir directamente a la Biblia, concretamente a los Hechos de los Apóstoles, dónde ya se habla de una pequeña comunidad de discípulos que se reunían en el Cenáculo junto con la Virgen María y los once apóstoles en los días posteriores a la Ascensión de Jesucristo 

¿Qué es el Cenáculo? Es el salón en el que Cristo celebró la última cena e instituyó la Eucaristía. También es el lugar dónde a los 50 días de la resurrección del Señor, el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles en el día de Pentecostés: es el comienzo “oficial” de las actividades de la Iglesia.

La Tradición la sitúa en la colina occidental de Jerusalén, que hoy conocemos erróneamente como el Monte de Sión (El verdadero monte Sión de la época bíblica era el Monte del Templo, situado algo más al norte, dónde David trajo el arca de la alianza y donde más tarde su hijo Salomón mandó construir el primer Templo). Es una estructura de dos pisos dentro de un gran complejo de edificios en la cima del Monte Sión. El piso superior recuerda precisamente al relatado en los evangelios, mientras que el inferior contiene un cenotafio que, desde el siglo XII, es considerado como la tumba de David. Bajo este complejo se encuentran cimientos cruzados, bizantinos y, más abajo, romanos.

La vivienda que acogió el Cenáculo ha sufrido innumerables modificaciones a lo largo de la historia. Ya en los primeros siglos, se construyó una pequeña iglesia para acoger el lugar, la cual fue aumentando de tamaño con el tiempo. En el siglo IV d.C. los bizantinos transformaron esta pequeña iglesia en una gran Basílica a la que denominaron “Santa Sión”, pero solamente cien años después fue totalmente destruida por los persas. Hubo que esperar a la conquista de la ciudad de Jerusalén por el ejército cruzado para la reconstrucción en esos cimientos de un monasterio y la iglesia de Santa María del Monte Sión y del Espíritu Santo.

Esta nueva edificación no corrió mejor suerte que la anterior y por orden del Sultán Al Hakem en el año 1219 fue demolida dentro de un plan urbanístico de toda la ciudad que conllevaba la eliminación de las murallas y contrafuertes que rodeaban a la ciudad de Jerusalén. Sólo quedo en pie la capilla del Cenáculo con el cenotafio y la tumba de David debajo de él. Hubo que esperar a la llegada en el siglo XIV de los franciscanos, los cuales recibieron en custodia y propiedad estos terrenos para que levantaran en la parte sur un pequeño convento cuyo claustro todavía se puede visitar en la actualidad.

En 1552 los frailes franciscanos fueron obligados a marcharse de Tierra Santa y el santuario volvió a caer en manos musulmanas, el edificio fue nuevamente modificado para convertirse en una mezquita. El Cenáculo cayó en zona israelí en 1948, y los musulmanes lo abandonaron. La volvieron a adquirir en propiedad los Franciscanos, hasta que fueron finalmente desplazados por los judíos.

En el año 2000, el papa Juan Pablo II ofició en el Cenáculo del Monte Sión una misa privada. Ese día fuentes oficiales del vaticano manifestaron la gran expectativa que este hecho había suscitado y expresaron que “…Los cristianos, y especialmente el Papa Juan Pablo II, quisieran que el Cenáculo, actualmente propiedad del estado de Israel, volviera a ser un lugar de culto católico, debido a su importancia capital para la historia del cristianismo”.

sábado, 4 de noviembre de 2017

Hallan la antigua ciudad bíblica de Damanuta visitada por Jesús

Esta sería la última ciudad visitada por Jesús antes de la milagrosa multiplicación de los panes y de los peces. Está muy cerca de Magdala, y existió durante los períodos helenístico, romano y bizantino. En ella se encontró un barco como el que pudo haber utilizado Jesús para cruzar el mar de Galilea. 

Arqueólogos británicos descubieron en 2013 en el norte de Israel las ruinas de la antigua ciudad de Dalmanutha que es mencionada en la Biblia y que sería, según el Evangelio de San Marcos 8-10, el último lugar que visitó Jesús antes de alimentar milagrosamente a 4.000 personas tras multiplicar unos pocos panes y peces.

Las ruinas, de unos 2.000 años de antiguedad, fueron descubieras en la costa noroeste del mar de Galilea, en el valle de Ginosar. Según el responsable del hallazgo, Ken Dark, de la Universidad de Reading en el Reino Unido, pertenecen a la mencionada ciudad Dalmanutha del siglo I d.C. De acuerdo con Dark, él y su equipo hablaron con los lugareños, tomaron fotos y buscaron artefactos en la ciudad actual de Migdal, la cual, según afirmó, absorvió con el tiempo a la antigua Dalmanutha. 

Dark basó sus conclusiones en los hallazgos de cerámicas antiguas y una serie de fragmentos de columnas, incluyendo ejemplos de capiteles -la parte superior de las columnas- tallados al estilo corintio, muy común en esa época. «Los fragmentos de las columnas eran partes de las paredes actuales, las piezas de la antigua fachada de piedra sobresalían del porche delantero de una casa y varias columnas de basalto se hallaban entre los escombros», afirmó.

Las pruebas por radiocarbono permitieron datar muchos de los artefactos encontrados. Algunos de ellos, ánforas y cristal, indican que los antiguos habitantes de la zona eran ricos. 

Los pesos y las anclas de piedra, junto con la cercana ubicación de la orilla, adecuada para embarcaciones, indican que la población se dedicó a la pesca. «Dalmanutha fue una ciudad próspera», aseguró Dark en el estudio, publicado en la revista «Palestine Exploration Quarterly». 

Los arqueólogos mencionan que Dalmanutha estaba ubicada muy cerca de la antigua Magdala: «El lado sur de Dalmanutha recién descubierto se encuentra a sólo unos 150 metros de la ciudad natal de María Magdalena», informó «LiveScience». Según Dark, Dalmanutha existía durante las épocas del período helenístico, romano y bizantino. 

El científico también está seguro de que un barco descubierto en 1986, que data de hace unos 2.000 años, fue hallado exactamente en el litoral de Dalmanutha, aunque los autores del descubrimiento no sabían que la ciudad se ubicaba allí. Esta embarcación, de 8,27 metros de longitud y 2,3 metros de ancho, supuestamente fue utilizada por los antiguos pescadores que faenaban en el mar de Galilea. La idea es que Jesús podría haber utilizado un barco parecido para partir de Dalmanutha a la orilla opuesta, donde tuvo lugar el citado milagro.